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Angelo Cecchi es un profesor de yoga con una trayectoria sólida y profundamente coherente, cuya enseñanza destaca por la precisión, la sensibilidad y el rigor. Inició su camino en 2004 y, desde 2008, se dedica a compartir una práctica que integra el respeto al linaje tradicional con una comprensión contemporánea del cuerpo.
Su enfoque es un punto de encuentro entre la tradición del método de B.K.S. Iyengar y el estudio de la anatomía funcional y la biomecánica, lo que le permite guiar a sus alumnos hacia una práctica consciente, segura y transformadora.
Movido por una búsqueda constante de conocimiento, Angelo pasa parte del año en Rishikesh (India), profundizando en Yoga, Vedanta y Sánscrito en el Patanjala Yoga Kendra, y el resto del tiempo comparte su experiencia en formaciones y seminarios en Europa y Sudamérica.
En esta entrevista, nos acercamos no solo a su recorrido, sino a su manera de entender la práctica: un camino de escucha, precisión y regreso a lo esencial.
Si miras hacia atrás, ¿recuerdas el momento en que el yoga dejó de ser una práctica para convertirse en un camino de vida?
Honestamente, puedo decir que el yoga fue un camino de vida desde el primer momento. Antes de conocer el yoga, no había un rumbo muy claro. No tuve una buena educación que me orientara hacia una profesión, ni demasiados recursos para construirla. Probé algunos estudios y actividades, casi siempre a través de pequeños cursos o aprendizajes autodidactas, y tampoco tenía hábitos muy saludables.
La primera vez que entré a un centro de yoga para tomar una clase, una de mis motivaciones era recuperar la salud. Tuve la suerte de que en ese momento no tenía un trabajo fijo, así que podía asistir a clases siempre que quería. Empecé a practicar a diario muy pronto y, de alguna manera, me aferré al yoga como quien se sujeta a un flotador en medio del océano después de un naufragio.
Has sido testigo de grandes cambios en la expansión del yoga en occidente ¿Qué transformación te ha sorprendido más?
No llevo tanto tiempo en el yoga si lo comparamos con otros practicantes: comencé a practicar en el 2004 cuando tenia 24 años, , y conozco personas que practican desde antes de que yo naciera. Aun así, recuerdo que entonces no era tan popular como hoy. No existían tantas redes sociales ni las clases online, que han contribuido enormemente a su expansión. Sin embargo, no me sorprende: el yoga es efectivo en muchos niveles, así que es natural que cada vez más personas se sientan atraídas por él.
Hemos ganado hábitos más conscientes. Muchas personas que practican yoga empiezan a prestar atención a lo que comen, al descanso, a sus relaciones y a cómo usan su tiempo. Eso es positivo.
El yoga ha encontrado su lugar en la sociedad, y debemos comprender qué puede aportar. Nadie está obligado a buscar una “realización espiritual”; yo mismo no tengo un interés particular en esa idea.
Cada persona se siente atraída por cosas distintas, y eso está bien. Si alguien sale de una clase sintiéndose mejor, honestamente creo que eso ya es suficiente.
Hoy el yoga convive con la industria del bienestar, las redes sociales y el mercado digital. ¿Cómo mantienes la esencia en medio de esa exposición?
En realidad tengo poco contacto con redes sociales. Uso sobre todo el correo electrónico y WhatsApp. Este año, con ayuda de una amiga diseñadora, estoy creando una web para organizar mejor mi trabajo. Tampoco soy muy amigo del bienestar tal como se comercializa. Aunque he mejorado mucho, sigo teniendo malos hábitos: tomo mate todos los días y como lo que me apetece.
Las redes sociales no son el problema; el problema es el uso que hacemos de ellas.
¿Crees que el yoga se está simplificando, sofisticando o fragmentando?
Con el yoga están ocurriendo muchas cosas. Existen incluso clases temáticas donde la gente practica disfrazada de personajes. ¿Eso es yoga o no? Gracias a Dios, no me corresponde decidirlo.
Cada persona vive su experiencia y merece libertad para descubrir qué le beneficia. Yo he tenido la suerte de encontrar el método y la maestra adecuados, pero eso sigue siendo solo mi experiencia.
¿Qué responsabilidad tiene un maestro hoy, en un mundo donde la información es abundante pero la experiencia profunda escasa?
Ser honesto consigo mismo y con lo que enseña. No es necesario poseer un conocimiento extraordinario o tener una gran practica para transmitir algo valioso: cualquiera que tenga experiencia puede enseñar a quien aún no la tiene. La enseñanza verdadera ocurre a través del ejemplo. Si un profesor ha aprendido a sostenerse de pie con estabilidad o a extender su cuerpo con conciencia, eso ya es suficiente. En Sánscrito ācārya: significa aquel que enseña con el ejemplo
En varias ocasiones hablas del servicio como eje central. ¿Qué significa realmente servir desde la práctica?
Creo que uno de los problemas que vivimos como sociedad es que nos hemos vuelto extremadamente egoístas, es por eso que el modelo capitalista es el que mas funciona. Basta
observar a un grupo de niños frente a un pastel: muchos miran cuál es el trozo más grande y los mas astutos incluso en alguna estrategia para quedarse con él. Esa tendencia está profundamente arraigada. Vivimos en un mundo donde se celebran grandes espectáculos mientras en otros lugares la gente pasa hambre. Servir significa salir de la pequeña mente centrada en el “yo”, reconocer al otro como parte de la misma existencia y tender una mano. En esencia, es algo simple.
¿Qué practicas sostienen tu equilibrio cuando no estás enseñando?
Solo practico asana y, cuando dispongo de tiempo, pranayama. También dedico muchas horas al estudio y a preparar clases. Tengo la fortuna de practicar cada día y vivir de ello.
La gratitud es lo que mantiene el equilibrio.
¿ Hay algo qué hoy estes desaprendiendo?
Este año cumpliré 46. Mi padre murió cuando yo tenía 17, y desde entonces comenzó mi propio
camino. He vivido muchas cosas, conocido muchas personas y hecho grandes amigos.
"De joven la sociedad me enseño a juzgarme y a juzgar a otros. Hoy estoy desaprendiendo eso".
¿Qué crees que la práctica puede ofrecer al mundo actual, tan acelerado y fragmentado?
Ofrece algo muy valioso: un momento para hacer algo positivo por uno mismo. Incluso la práctica física ya es transformadora. El ser humano moderno se ha vuelto excesivamente cómodo; muchos usan el coche para hacer trayectos cortos. Se ha perdido la fisicalidad y por consiguiente la propiocepción.
Hay personas que cuando algo se les cae al suelo deben desarrollar toda una estrategia para agacharse. Su idea de salud es salir a correr cuando ni siquiera saben caminar correctamente. Algunos entrenamientos como ir al gimnasio los vuelve rígidos, es como si echaran cemento encima, algunas lesiones articulares llevan nombres de deportes, como el codo de tenista, el síndrome del corredor o el hombro de nadador.
El yoga sirve para ordenar todo esto, liberar tensiones, equilibrar la tonicidad del musculo, favorecer el flujo de los líquidos y de la respiración, oxigenar el cerebro y entrenar la atención.
¿Qué te inspira hoy fuera del ámbito del yoga?
Hace un par de años me compré una cámara de fotos. No tengo mucho tiempo ni demasiada idea de cómo usarla, pero disfruto mucho cuando logro salir a caminar y tomar fotos
Si tuvieras que describir el momento vital que atraviesas en una palabra, ¿cuál sería?
Madurez.
Qué tipo de experiencia deseas que las personas vivan durante esos días contigo?
Cada quien debe ser responsable de la experiencia que quiera tener, hay algunas personas incluso en un balneario de lujo la pasan fatal, se pelean con la pareja o se quejan con la recepción por que había gente hablando en el sauna. Por el contrario aquí en india los niños salen a jugar en la calle con cometas que no llegan a costar 2 euros, algunos ello fabrican con caucho de un neumático de bicicleta una especie de pelota para jugar y con eso se la pasan bien
¿A quién sientes que está dirigido el encuentro?
A quien quiera venir.
¿Qué te gustaría que cada practicante se llevara consigo?
Menos cosas de lo que vaya a traer.
Como cierre, esta conversación con Angelo Cecchi nos recuerda que la práctica es mucho más que una forma: es un camino de, de escucha y de refinamiento constante. Una invitación a habitar el cuerpo con inteligencia, sensibilidad y presencia.
Este encuentro es una oportunidad única para profundizar, inspirarte y compartir desde un lugar auténtico, acompañado por una enseñanza sólida y consciente.
Si sientes la llamada, puedes solicitar más información y reservar tu plaza en:
📩 info@retirosdelbuho.com
📱 647 947 988
Las plazas son limitadas y el espacio está cuidado para ofrecer una experiencia cercana y transformadora.